En un comienzo, estaba previsto confeccionar una base de datos con
todos los llamados a revisión. Este archivo sería creado con la información que
los fabricantes le suministran a la Agencia Federal para la Seguridad en el
Transporte por Carretera (NHTSA).
Sin embargo, la presión de las empresas, que se apoyó sobre un decreto
establecido en el Registro Federal, obligó a que el gobierno declarará
confidencial la información sobre los defectos de manufactura que tuviesen
sus vehículos.
Las razones brindadas por la Administración Bush y las marcas se basan
en una supuesta poca relevancia de esta información para los usuarios. Además,
ambas partes aseguraron que la divulgación de estos fallos perjudicaría a
determinadas firmas frente a sus competidores.
Por su parte, las principales organizaciones de consumidores de los Estados
Unidos manifestaron su descontento con esta norma, acusando de que "tratan a
los usuarios como estúpidos y fácilmente engañables"
Incluso, estas entidades dudan de la buena fe de las marcas, debido a que
anteriormente, varias compañías intentaron por todos los medios ocultar
fallas en sus vehículos para no perder prestigio.