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Automovilismo:
Pioneros Argentinos
10/10/06
7:22 pm.
"Newbery, así en la tierra
como en el cielo"
Aunque el final de 1910 había logrado reunir una
interesante cantidad de pilotos y vehículos en la carreras de nuestro país, el
año 1911 sería bastante diferente, ya que solamente se organizarían tres
competencias, dos por la Sociedad Sportiva Argentina y la otra, bajo la
organización del A.C.A., donde lo más destacado fue la participación de Jorge
Newbery, el primer ídolo -deportista- no político Argentino.
Newbery y su
monoplano Morane-Saulnier con el que batió el record
de altitud el 10 de febrero de 1914
En la primera prueba, el ganador fue
Don Florencio Lezica Alvear que corrió un Sizaire Naudin de 12 caballos seguido
por Saulio Berra. En la segunda "serie" la clasificación fue casi "puesta" entre
José Cristiani y R. De Ángelis que conducían un Dietrich y un Spa
respectivamente. La última de las carreras, fue para Alberto Moroni, seguido por
Julián Oliva. Esta competencia se disputó el 2 de julio y diecisiete días
después el 19 de julio se corrió en el mismo escenario una nueva carrera aunque
esta vez con solo dos categorías. Julián García con un Ford ganó la primera,
escoltado por el Springler de Abel J. Poblet y el F.N. de 4 cilindros y 18 hp.
de León Genonceaux. En la segunda prueba el ganador fue Alfonso Guenot seguido
de Piñeiro y H.Cegliot mientras abandonaban en la mitad de la carrera quiénes
habían sido animadores de la primera parte del espectáculo, Poblet y Genonceaux.
La tercera carrera del 11 tuvo como organizador el Automóvil Club Argentino
que convocó a sus socios y a los aficionados en general a una prueba a
disputarse sobre el Camino del Bajo que unían los poblados de la rivera del río
y que había sido escenario, 5 años atrás, de la primera carrera oficialmente
registrada en la Argentina.
Brasier 1905 de carrera, símil al utilizado por Jorge
Newbery
Del extenso camino entre la Recoleta y el Tigre se eligió un tramo de buen
piso entre Olivos y San Isidro. Según Luis Dartiguenlongue "... Se seleccionó
el sector del camino que mayores velocidades permitía desarrollar a los
automóviles y que a la vez diera a los habitantes del lugar y a los espectadores
una mejor posibilidad de vista de la competencia." La lista de anotados, sin
embargo, no fue muy numerosa aunque sí muy importante, entre otras cosas, porque
un nombre resaltaba sobre todos los demás: Jorge Newbery. El hombre que había
batido en el aire el récord de Legagneaux, al llegar a los 6225 metros de altura
en aeroplano, también estaba llamado a descollar sobre la tierra conduciendo
automóviles de carrera. Es que Newbery, el gran aviador, el sportman total, el
caballero, el ídolo, era el arquetipo del argentino de aquellos años y por ello
uno de los nombres más atractivos para el público porteño. Donde Newbery iba a
probar sus autos o a remontar sus aeroplanos allí estaba su público que lo
seguía, lo vivaba y lo obligaba a lanzar su extraordinaria sonrisa.
Newbery había estado en Europa en 1910 y de allí había traído novedades de
todo tipo. Además de las últimas noticias técnicas sobre aviones, las últimas
modas deportivas, Newbery había traído para su uso personal un automóvil Brasier
de carrera, similar al que había utilizado el francés Thery en el circuito de
las Ardenas unos años antes.
Con ese automóvil, Newbery descolló desde los primeros metros de carrera y
estableció el mejor tiempo ganándole a su amigo y ocasional rival, Ignacio Del
Carril.
Aunque gran aficionado del automovilismo, la historia no registra ninguna
otra participación de Newbery sobre las cuatro ruedas. En sus restantes tres
años de vida el gran deportista Argentino volcaría toda su pasión por los
aviones, actividad ésta que lo llevaría a encontrar la muerte el 1º de marzo de
1914 mientras preparaba la travesía de la Cordillera de los Andes. Sin embargo,
y hasta aquel trágico día, Newbery continuó ligado al deporte de las cuatro
ruedas desde su puesto en la Comisión de Automovilismo de la Sociedad Sportiva
Argentina y en su relación con la Comisión Directiva del A.C.A .Newbery se
convirtió entonces en un verdadero hombre de consulta tanto para los corredores
como para mecánicos y organizadores. Las tareas de Newbery eran para el deporte
y sus mañanas eran para dedicarse a tomar examen a los nóveles conductores
de automóviles desde su puesto en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
Trascripción: Lic.
- Prof. María Alejandra Besozzi Fuente: Revista Corsa