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Automovilismo:
Pioneros Argentinos
13/11/06
8:05 am.
"Treinta años
de sueños y silencio"
Así reza el titulo de la nota de Carbia donde nos habla de uno de los
momento mas importante de la vida de Tulio Crespi y de la industria automotriz
Argentina, la de su aventura en el Salón de París donde con gran suceso fueron
exhibidas y recibidas las recordadas "Tulias" hace treinta años ya, contado
por el mismo constructor argentino, que también se destacó en el diseño y
fabricación vehículos.
En aquellos años Crespi ya contaba
con una larga experiencia en la construcción de vehículos de
competición, especialmente en la Fórmula 4, aunque la obligada
reforma que debió recibir el Torino que Nasif Estéfano volcó en
el autódromo porteño incitó al inquieto Tulio a fabricar un
modelo de calle. El primer auto fabricado para la venta al
público se llamó Tulia, y fue el predecesor de la Tulieta GT.
Fueron precisamente estas dos unidades las que finalmente
deslumbraron en el Salón del Automóvil de París de 1976,
realizado del 7 al 17 de octubre de aquel año.
Un rico repaso de aquellos días
realizado por el mismo Tulio Crespi nos sirve para volver a
saber que soñar siempre fue tan lindo como posible. ¿O acaso
poder contarle al tiempo que uno ha vencido al silencio no es, a
veces, necesario?
“En 1976 viajé a Francia porque
teníamos un proyecto para correr con Guillermo Kissling y Miguel
Ángel Guerra en la Fórmula Renault Francesa, entonces aproveché
para visitar la Puerta de Versalles, donde se realizaba el Salón
de París, ya que algunas veces me habían invitado a verlo.
Quería saber como era y averiguar qué debía hacer para presentar
mis autos ahí. Lamentablemente me informaron que ya no había
lugar y volví a la Argentina sin la posibilidad de exponer. Pero
poco tiempo después, y a través de un amigo europeo, me enteré
que Lotus había avisado que no llegaba a terminar a tiempo su
modelo de aquel año y que desistía de su stand. Me llamaron para
que vaya, pero en ese momento yo no tenía ningún auto nuevo
terminado. Quería ir, y como hacía poco tiempo le había
entregado una Tulieta convertible a Cocho López y una Tulia a
otro cliente los llamé y se los pedí para poder viajar. Ya con
los autos, aún debía resolver como llevarlos. Por suerte el
tapicero que trabajaba con nosotros había sido miembro de la
Fuerza Aérea y me consiguió una entrevista para pedir que nos
lleven los autos. Al final los dos autos y yo viajamos a Francia
en un Hércules que llevaba turbinas de Aerolíneas Argentinas a
reparar a Inglaterra. Más allá de esa ayuda, no obtuve nada más.
Ya era época del proceso y no encontré eco en ningún lado, sólo
Luis Elías Sojit me dio una mano”.
“Cuando aterrizamos en un
aeropuerto militar, a 60 kilómetros de París, empecé a tomar
conciencia de lo que estaba haciendo. Mi amigo y yo nos fuimos
manejando los autos hasta París y ahí caí definitivamente: la
forma en que la gente miraba los autos en la calle me levantó el
espíritu. Imaginate que cuando llegamos al salón justo estaba el
camión de Ferrari bajando sus autos y yo me pregunté qué hacía
allá... ¡si ellos eran mis rivales! Entramos al salón y cuando
nos dan nuestro lugar ya estaba colgado el cartel de Crespi, fue
una emoción impresionante. Lo primero que hice fue ir a ver los
autos que serían mis rivales, y la verdad que me sentí bien...
sabía que no me había equivocado en lo que estaba haciendo. Pude
ver que mis autos estaban a la altura de los europeos”.
Tulia
“La verdad es que yo había ido,
nada más; allá me di cuenta de muchas cosas, como por ejemplo de
que mis autos no tenían un precio fijado, nunca había pensado en
venderlos. La gente me venía a preguntar si se podían probar,
quién era el representante de la marca o cuánto valían, entonces
entendí que iba a tener que ponerle un precio para ver que
pasaba. Al tercer día de la exposición un matrimonio inglés
viene y me dice que mis autos eran los más bonitos que había en
el salón, entonces miré a mi hermana Ana y le dije: ‘carguemos
todo y vayámonos’”.
“Lamentablemente como me había
ido sin nada que represente el país, la gente pensaba que eran
autos italianos, entonces busqué una bandera argentina y la puse
en el stand. Pero quería algo más, por eso hice escribir en
francés sobre una chapa ‘De Argentina’. La verdad que esas cosas
chiquitas fueron las que más me emocionaron. Encima, un poco
después de eso, y para confirmar de donde veníamos, nos
visitaron Juan Manuel Fangio y Juan Manuel Bordeu. ¿Sabes lo que
hicieron los del Salón? ¡alfombraron desde la entrada hasta mi
stand y pusieron un cordón policial! Todo el salón estaba ahí,
los directivos de cada stand esperaban para verlo pasar. Era
todo argentino, y todos querían tener a Fangio cerca. Después
que se fue Fangio vinieron cuatro directivos de Ferrari a
felicitarme y se subieron a la Tulia; cuando se bajaron, el que
era el ingeniero del grupo se acercó y me felicitó por el logro
de hacer un diseño totalmente propio”.
“Conocí mucha gente en esos
días... vinieron dos Jekes Árabes que querían comprarme la
Tulia... ¡pero con aire acondicionado! Nosotros casi ni sabíamos
lo que era eso en esa época. De todas maneras yo seguía sin
saber a cuanto debía vender el auto, y como a último momento
Lotus había llegado a presentarse, y lo habían puesto en un
pasillo de por ahí, fui a ver el auto de ellos. Lo vendían a
60.000 francos, lo revisé todo, y después de pensarlo le puse un
cartelito a la Tulieta: 70.000 francos. Todos querían probarlo,
había empresarios que pedían la representación, la cosa empezó a
tomar un vuelo inesperado. Poco después de que le pongo el
precio viene un español y me pregunta por qué la Tulieta salía
más barata que el Porsche que estaban exponiendo en ese momento
¡si mi coupé era más linda!”
El Tulia 27 FL, la última creación de Crespi
“En aquellos años era todo tan
diferente que ahora me asombro de las cosas vividas esos días.
Mis autos tenían mucha fibra de vidrio en su construcción, lo
que sorprendía mucho a todos, ya que allá se ve que no se usaba
tanto. Por eso terminé dando una conferencia, con traducción en
vivo y a pedido de los organizadores, sobre cómo usar la fibra.
Cuando estaba ahí parado, hablando para todos esos ingenieros
sobre la fibra de vidrio, me pregunté por décima vez en ese
viaje que estaba haciendo ahí. Sinceramente no lo podía creer”.
La aventura francesa se terminó.
Tulio volvió a la Argentina y sus autos, tras un largo viaje en
barco, a sus dueños. Las cartas de diferentes lugares del mundo,
para representarlo o para comprarle autos, se repitieron año
tras año, pero el montar una fábrica capaz de abastecer todas
esas demandas quedaba a muchos ceros de distancia de la realidad
de Crespi en aquellos momentos.
La historia siguió su curso y el
cierre de aquel viejo orgullo lo pone el propio Tulio: “Yo
hice ese viaje de lírico nomás, sin pensar en lo que podía
venir. Por eso no me enganché en ningún negocio, simplemente me
di un gusto. Yo fui con mis dos cuadritos a una muestra de arte
y punto”.
MeCh
Fuente/Fotos: Christian Carbia. Prensa Crespi